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viernes, 2 de abril de 2010

A Behanding in Spokane


Fui a BROADWAY a ver un show y no es que necesite disculparme por haber ido a BROADWAY a ver un show pero por si acaso insistiré en que mis razones para ir a BROADWAY eran muy fuertes; se trataba de la nueva obra de Martin McDonagh,



actuada por Christopher Walken y Sam Rockwell.





( Algo así como Un desmanamiento en Spokane )


Desde hace casi 15 años soy un absoluto fan de Martin McDonagh, he leído todas sus obras publicadas, he visto dos montajes de "The Liutenant of Inishmore", uno de el "The cripple man of Inishman" uno de "The pillowman," tuve la suerte de actuar en "The Lonesome West" "El Oeste Solitario en un montaje que estuvo en el Teatro Casa de la Paz, en La Capilla y en La Gruta de la ciudad de México".



También vi varias veces su cortometraje ganador del Oscar "Six Shooter" (Revolver de seis tiros)



y su primer largometraje "In Bruges" nominada al oscar a mejor guión original.


(Estos dos trabajos en cine los recomiendo ampliamente)

Espero con ansia su segundo largometraje "Siete sicópatas" (Sobre un escritor que quiere escribir un guión llamado "Siete sicópatas" cuya vida se voltea de cabeza cuando sus amigos secuestran al perro de un mafioso)

McDonagh es un gran dramaturgo contemporáneo que construye el diálogo como pocos, posee un agudo e irreverente sentido del humor que usa magistralmente para formular gags y a la vez hacer progresar la historia.

A la fecha ningún montaje que haya visto a estado a la altura de sus textos, lamentablemente lo anterior también se aplica para "A Behanding in Spokane" pero vería la obra algunas cuantas veces más por el placer de escuchar el texto y volver a ver las destacadas, sólidas, divertidas actuaciones de Cristopher Walken y Sam Rockwell, aunque cuando me acuerdo del público condescendiente de Broadway que aplaudió 300 veces durante la obra y de hecho le aplaudió a Walken apenas apareció cual si hubiera sido Jaquelín Andere haciendo su entrada en Carlota Emperatriz, se me quitan un poco las ganas de regresar a The Gerald Schoenfeld Theatre.



Valdría la pena hacer una crítica /análisis del fenómeno "Broadway" y conectarlo con el fenómeno en México del público de teatro comercial: "Vengo a ver a un famoso, le aplaudo cada escena, cada chiste, no exijo nada más y me conformo con cualquier mediocridad que hagan con la puesta en escena" pero ya será otro día con más calma.


Ana y nuestra amiga Luz Emilia llegaron a la conclusión de que "A Behanding..." es un claro ejemplo de que sí existe el teatro moderno del díalogo y además de que este puede ser muy atractivo para los jóvenes.

A continuación les dejo el comentario completo de Ana:

Fuimos a ver A Behanding in Spokane de Martin MacDonagh, una puesta convencional en el casi caduco estilo de Broadway con Christopher Walken, famoso buen actor, viejo lobo de mar que aprovecha el extraordinario talento que tiene el autor para crear personajes lucidores y con un comillo que arrastra por todo el escenario logra complacer hasta al espectador más exigente.


Por su parte Sam Rockwell se planta en escena como si tuviera plomo en los pies, como solo los grandes los hacen, llenando de sutilezas al deprimido y solitario recepcionista de hotel que interpreta.


Los dos actores jóvenes cuyo nombre prefiero no recordar despertaron mis instintos asesinos con su estridencia y superficialidad, aunque a mi amiga Luz Emilia, crítica profesional de teatro, no le parecieron tan malos como mal dirigidos, yo pensé: mal dirigidos y malos.



El texto del virtuoso, gracioso, exitoso, joven y para colmo guapo MacDonagh, tal vez no supera lo hecho en la trilogía de Leenane pero sin duda logra su objetivo.



Crítico agudo de la estupidez humana, retrata sin miramientos el egoísmo, la falta de valores y la soledad de los seres humanos de nuestros días, pero lo que me resulta más interesante de él es su capacidad para conectar con los jóvenes, inclusive con los adolescentes, quienes ven su mundo reflejado sin piedad en sus textos llenos de “Fucks, de violencia, de soledad, y abrazan fuerte el tono fársico de su insolente, casi trasgresor humor negro;

¡MacDonagh es un genio!, dijo mi hijo de 16 años al terminar la obra, él y su amigo Mat, (ambos adolescentes que han estado intensamente expuestos al teatro y que en muchas ocasiones has expresado su desencanto por el mismo), salieron fascinados de la función, criticando la puesta en escena, alabando las actuaciones que les gustaron, pero sobre todo, ( y aquí lo poderoso que es el autor), discutiendo sobre el racismo, el lenguaje de la obra, lo que entendieron, lo que no entendieron y lo que piensan al respecto.

Yo pienso que eso es lo que debe hacer el teatro, crear un movimiento en el intelecto, en la emociones, plantear preguntas, incomodar, divertir... y esta obra lo logró.


Tal vez no fue la puesta en escena que me hubiese gustado ver, para mí le faltó tanto profundidad como complejidad a la dirección, me dio la impresión que el director temeroso de insultar al público, en su mayoría gringos turistas que sólo van al teatro a ver a sus estrellas y pasar un buen rato, evitó el riesgo mediante un tono casi caricaturizado para dejar muy claro que se trataba de una farsa, como si el hecho de ver a los personajes recogiendo manos sangrientas del piso para regresarlas a una maleta no fuera suficiente para reconocer lo botada de la realidad planteada, aunque cuando me acuerdo que el caníbal alemán que se anunció por Internet tenía una lista de espera de gente que quería ser devorada, me entran mis dudas.

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Material extra:

Irlanda no debe ser tan mal lugar Interesante artículo para Letras Libres de Mauricio Montiel Figueiras sobre Martin Mc Donagh.

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